Cultura

Bolivar, la casa de sus recuerdos

por Daniel Morales Mendoza

Cuando pensaba en crear esta sección, imaginaba una serie de escritos donde mostrar con algo de nostalgia nuestra Bucaramanga de años pasados, conseguir el registro fotográfico de la ciudad de antaño y de sus personajes. Me emocionaba la idea de conocer los detalles de la construcción de uno que otro edificio, casa o quinta restaurada, tal vez  reemplazada hoy en día por una construcción más moderna.


Lo primero que me pregunte fue donde conseguir aquellos documentos que me permitieran recoger toda la información que necesitaba. Bueno la respuesta se encontraba en la calle 37 Nº. 12-15, a cuadra y media del edificio de la gobernación, allí se encuentra la Casa de Bolívar, lugar que funciona como museo y sede la Academia de Historia de Santander.


Efectivamente, me acerque al lugar donde Claudia Mantilla Vargas, administradora del lugar me confirmo que podría encontrar algunos libros de la colección de Edmundo Gavassa, incluso facilitarme el dato para contactarlo, pero que en el momento era complicado acceder a los libros de la Academia ya que estaban en su proceso de sistematización. En ese momento mire alrededor y me di cuenta que por sí sola la Casa de Bolívar tiene mucho que contar, así que, ¿qué porque no empezar con ella la sección?


Un sondeo rápido con conocidos de edades entre los 20 y 32 años, preguntándoles: ¿sabe que funciona en la Casa de Bolívar? ¿la ha visitado? Si la visitó, ¿Cuántas veces ha regresado?. Las respuestas que me daban era un rotundo “No”, o un vago, “creo que hay un museo Guane”. No me extrañaban las respuestas; efectivamente, recuerdo haber visitado la casa mientras cursaba 9° o 10°, no estoy muy seguro, pero volver por mi iniciativa… mmm.. no.. nunca ocurrió.


Así que por segunda vez me dirigí al lugar y en esta ocasión sí puse mucha atención al recorrido por el que me guió el bachiller Jeison Sánchez  quien me contó que esta casa debe su nombre a que fue habitada por Simón Bolívar durante 70 días entre el 31 de marzo al 9 de junio de 1828, mientras esperaba los resultados de la convención de Ocaña, convocada por él mismo y el general Santander y cuyo objetivo  era reformar la Constitución de Cúcuta debido a problemas que surgieron en la primera república de Colombia, convención en la que no hubo ningún acuerdo ya que los partidarios de Bolívar al verse en minoría se retiraron y la convención quedo disuelta.  Esta casa pertenecía a Facundo Mutis y fue Juan Eloy Valenzuela,  sacerdote quien realizó la gestión para que allí se hospedara el Libertador.


La casa cuenta con 6 salas, la primera de ellas llamada “Bolívar en la Villa de Bucaramanga”, está dedicada al periodo de tiempo en el que el Libertador habitó la casa. Objetos como El Diario de Bucaramanga, escrito por Luis Perú de la Croix edecán de Bolívar mientras este permaneció en la ciudad, cartas que recibían con noticias de la convención,  retratos del mismo Juan Eloy Valenzuela y del Libertador, así como la silla que este último usaba en su despacho o el documento de la Expedición Botánica de Bucaramanga escrita por el cura, son algunos de los elementos que completan la colección.


También resalta “Las crónicas de Bucaramanga”, escritas por José Joaquín García, en donde nos  presenta cómo era la ciudad desde el tiempo de la Conquista hasta la revolución de 1854, y en adelante narra la vida civil y política de la ciudad.


La segunda sala está dedicada a la Academia de Historia de Santander y precisamente así se llama, en una de sus paredes cuelgan los retratos de cada presidente de la Academia desde sus inicios, el último que se ve, es el de Armando Martínez Garnica quien ejerció el cargo desde 2006 al 2008. Explicaba Sánchez que la Academia publica una revista llamada Estudio y que su actual presidente es Miguel José Pinilla Gutiérrez.


Sobre como la Casa de Bolívar pasa a ser la sede de la Academia, Sánchez nos dice que el gobierno departamental de Santander la adquirió, y se las cedió en 1948, después de que en ella habitara una familia, luego funcionara una central telefónica y hasta una cigarrería. Durante los años 1977 a 1980 la casa es adaptada como museo. Siguiendo el recorrido entramos a la sala IV “Guanes, origen del pueblo de Santander”, recinto que muestra algunas momias de esta civilización. La creencia de esta tribu, en la vida después de la muerte, hacía que sus muertos fueran enterrados con el resto de su familia viva y con todas sus pertenencias. Objetos que nos permite identificar sus costumbres, herramientas como hachas y lanzaderas (especie de lanzas que usaban para tejer) e instrumentos musicales, así como cráneos que nos explican la forma como se deformaban la cabeza, también encontramos en esta sala. Al fondo de ella, hay un recinto muy pequeño dedicado a su tejido, diversos trozos de telas elaborados por ellos están a la vista y en ellos podemos darnos cuenta del patrón que utilizaban para hilar el algodón.


Fuera de las salas se encuentra el jardín de la casa, cuyas paredes están tapadas de retablos y repisas con objetos que nos cuentan cómo se desarrolló la guerra de los 1000 días en 1900. Varias fotografías de Quintillo Gavassa Mibelli, ciudadano italiano nacido en 1861 en la isla de Elba, que llegó a Bucaramanga y fundó “La fotografía italiana de Quintilio Gavassa”, entre otros negocios. Una gran cantidad de imágenes capturadas y recopiladas en varios libros por su nieto Edmundo Gavassa, hoy en día se encuentran en la Biblioteca ‘Ernesto Michelsen Mantilla’ que funciona al interior de la Academia.


La quinta sala es la “Galería de Santandereanos ilustres”, en ella una serie de retratos que como su nombre lo dice, de alguna manera han hecho historia en el departamento, algunos de ellos son: Gabriel Turbay, Manuel Serrano Blanco, Simón S. Harker, Alfonso Gómez Gómez y Oscar Rodríguez Naranjo, entre otros. Para finalizar el recorrido, se pasa por la Sala de Conferencias, lugar que según nos cuenta Sánchez, sus elementos como sillas y mesas están distribuidos intentando simular el mismo orden que tenían en la época.


En una rápida conversación con Claudia Mantilla, nos cuenta que La Casa de Bolívar depende de la Academia pero recibe el apoyo de la Gobernación del departamento y para la promoción del lugar, de la Alcaldía, en convenio con esta última recibe frecuentemente la visita de colegios. En las tardes, me pude dar cuenta que van pocas personas, en promedio  5 a 8 y la mayoría eran padres con sus hijos en uniforme de colegio a quienes seguramente habrían dejado una consulta de tarea.


Seguramente no es el plan más atractivo para los jóvenes de hoy, los adultos estamos en nuestro ‘cuento’, y si no disponemos el tiempo a veces ni para pasar con la familia, mucho menos para culturizarnos, pero una visita una vez al año al lugar y recordar el papel que cumple en la historia nuestra ciudad, no caería nada mal. Intentemos que no sea el lugar que sólo sabemos que está allí. Me he dado cuenta lo valioso que es conocer la historia, mucho más la propia y en este ejercicio de escribir he dado con quienes también llevan mucho tiempo pensando igual. Así que la invitación está hecha,  el eco que tenga depende de usted.

 
 

Daniel Morales Mendoza

Diseñador Gráfico de profesión, programador web por vocación, docente por que le gusta y escritor, porque... mmm... porque es un gran ejercicio que no solo relaja la mente, la ejercita y alimenta. Le entusiasma la labor antes de... la investigación, recoger información y por supuesto conocer gente interesante donde quiera que exista una historia.

Comenta este artículo