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Gabriel Latorre, el letrista del himno de Bucaramanga

por Daniel Morales Mendoza

“Soy un gestor cultural de vieja data, una persona que le ha apostado que desde la cultura podamos construir la vértebra de una sociedad fundada en el amor, el humanismo y la fraternidad. Es la cultura la que nos brinda el espejo de lo que somos y lo que queremos ser”.

A Gabriel Jesús Latorre Carvajal lo conocí hace un año, cuando en Fusader - Librería Tres Culturas (calle 37 # 24-62) presentó a Carlos Enrique Sánchez Santamaría, entonces ganador del Premio Compartir al Maestro y de quien hicimos una de las primeras notas de la revista. Su tono pausado y sus palabras bien seleccionadas me hicieron pensar que se dedicaba a escribir, o bien era un asiduo lector.  Un año más tarde me acepta la invitación para contar cómo fue el proceso para llegar a ser el compositor del himno de la ciudad, musicalizado por Jhon Jairo Claro Arévalo.  Es así como sentados en una de las mesas del mismo café donde lo conocí, Latorre nos deja ver que es un hombre preocupado por construir ciudad a través de la cultura.


“Soy un gestor cultural de vieja data, una persona que le ha apostado que desde la cultura podamos construir la vértebra de una sociedad fundada en el amor, el humanismo y la fraternidad. Es la cultura la que nos brinda el espejo de lo que somos y lo que queremos ser”, de esta forma se define este pamplonés, nacido el 28 de junio de 1957, que ha pasado la mayor parte de su vida en Bucaramanga.


Se ha identificado con la literatura y particularmente con la poesía. En 2002, recibió la invitación del músico John Jairo Claro Arévalo -nacido en Ocaña, pero también criado en Bucaramanga y actualmente concejal  del Municipio-, para participar en conjunto en el concurso que elegiría el himno oficial de la ciudad que los vio crecer. Posterior a ello hace un análisis detallado del género  de la hímnica como signo en todo el mundo y luego de revisar las estructuras compositivas de los textos compone la primera versión de la letra sin alejarse, afirma, “de la trascendencia simbólica y del espíritu que debe contener”.


En noviembre de 2002, se oficializa el himno que reemplazaría la canción oficial de la ciudad hasta ese entonces, “Señora Bucaramanga”; decisión que estuvo a cargo del jurado conformado por Ana Cecilia Ojeda (lingüista), Armando Martínez Garnica (entonces decano de la Facultad de historia de la UIS y actualmente Presidente de la Academia de Historia de Santander) y el maestro Blas Emilio Atehortúa  (compositor antioqueño).


El proceso creativo

“El haber ganado tiene el mérito de saber leer lo que desea el convocante. El espíritu de John (Claro) y el mío no son trascendentales, ceremoniosos, más bien contestatarios”, afirma Latorre quien continúa: “por lo general someto los textos a un laboratorio de lectura en distintos ámbitos y audiencias; en este caso llevé el texto a personas en la Plaza de Mercado Central, a algunos sectores académicos y juveniles con el fin de valorar la relación existente entre la imagen, la metáfora y su conexión con el territorio y la memoria de ese territorio. Es casi como un protocolo que como creador siempre asumo, para que lo que se proyecte no sea el capricho aislado de quien crea, sino que exista una conexión. El compromiso estético que asumí fue producir un texto que no estuviera en la evocación de lo que llamo ‘falsa épica’ presente en la mayoría de himnos; como la remembranza de los guerreros, batallas, falsos heroísmos, historias de bronce que a la hora de la verdad no dice nada o no es tan necesario repetirle a todas las generaciones”.


La intención, afirma Latorre, era provocar que cada línea fuese un retrato o una instantánea de distintos momentos de paisajes, que evocaran la ciudad. “La gente cuando leía palmera altiva, inmediatamente se transportaban al parque García Rovira, en ese sentido la imagen poética debe tener una cercanía y una lectura sencilla. Se debe aprender a no complejizar y manejar un lenguaje sencillo, que era uno de los términos de la convocatoria, ya que pedían una estructura literaria y musical de fácil aprehensión”.


Lo que falta

Pero, lo que no se muestra no existe, y eso parece ocurrir con el himno y algunas generaciones que no se han percatado del hecho que su ciudad cuenta con este símbolo. La segunda parte para lograr la conexión con la audiencia, dice Latorre, “es la frecuencia con la que se escucha una obra musical. Una canción se aprende cuando permanentemente la están rayando,  es una aspecto que no ha sido bien manejado, excepto con el estudiante de escuelas oficiales y colegios públicos. Incluso, recibimos llamadas de niños que quieren conversar con el compositor del himno, y les parece sensacional porque muchos piensan que ya debería estar muerto. Claro, cuando se habla de himno se piensa que es algo muy viejo, no nos acostumbramos a que no tiene más de 10 años”.

 

Falta una promoción institucional de la Alcaldía e instituciones culturales, hay que masificarlo, sacarlo del ámbito exclusivo educativo formal, y exponerlo en escenarios de masa, para que la gente lo comprenda y lo signifique. No ha tenido la voluntad política con la que contó el himno de Santander, que en su momento el ex gobernador Álvaro Beltrán Pinzón (1986-1988), muy conectado con esto ordenó prensar discos con el himno y se emprendió una campaña para su divulgación”.


Del himno de Bucaramanga existe una versión con los coros de la UIS, una versión lirica en la voz de Luz Elena Peñaranda (directora Coral Comfenalco Santander de 1992 a 2010), pero Latorre opina que hace falta una versión orquestal y coral a la vez, que permita ofertarse en un canon más bajo del que está grabado y que facilite su divulgación. En este sentido la emisora Luis Carlos Galán, hace un trabajo de promoción, ya que lo emite todos los días al mediodía.


Actualmente, Gabriel Latorre participa a través del observatorio pedagógico  Museo del Nunca Jamás, en un proyecto de prevención de la  violencia que funciona en todo el país, pero particularmente en Bogotá. Su labor continúa en pro de lo que él define como “desinfectar nuestro propio campo mental, la utopía de construir una ciudad y una cultura humana diferente”, algo que dice ir logrando a partir de momentos como el de hace 10 años que le permitió entregarle a la ciudadanía un sentir configurado desde una estética que como en todo proceso el lector es el que va a darle su verdadero significado.

Daniel Morales Mendoza

Diseñador Gráfico de profesión, programador web por vocación, docente por que le gusta y escritor, porque... mmm... porque es un gran ejercicio que no solo relaja la mente, la ejercita y alimenta. Le entusiasma la labor antes de... la investigación, recoger información y por supuesto conocer gente interesante donde quiera que exista una historia.

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